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Europa y su futuro

  • Escrito por miguel

                   
amapolascieloEl día que en España  entraron en Ere  (Expedientes de Regulación de Empleo) Heide, Garabatos y Los Pitufos, el Papa dimitió. Ese fue el día 11 de febrero de 2013, que como muchos días 11 desde que empezó el siglo XXI habían sorprendido con noticias intempestivas. Ante una mesa  propiedad de una oficina estatal  española, tenía las noticias del día: Heidi SL, Garabatos, SL  y Los Pitufos, también SL, entraban en la vorágine de la regulación de empleo, ya ni la infancia nos la dejan tranquila -pensé yo- y todo apuntaba a que también Blancanieves,

El Gato con Botas… y hasta los 7 millones de enanitos de los desforestados bosques de los reinos de España, y sus aliados (aunque fueran por imperativo legal),  estarían desempleados en breve, pues ya iban por cerca de los seis millones, y por si fuera poco, los medios de comunicación salpicaban a toda pastilla sobre la hora del Ángelus que el papa decidía dejarlo. Yo sabía que algo grave nos esperaba desde que el día de antes que fue domingo, todos los perros del vecindario a primera hora de la tarde empezaron a aullar de un modo desmedido y al unísono, como auténticos lobos. La piel se me puso fría, un escalofrío de noche de niebla y de terror se me posó en la piel cuando oí los aullidos, pero estaba acostumbrada a gestionar el miedo desde la infancia, en la que nunca me asustó nada, ni el adentrarme con ocho años en un túnel de más de un km en medio de un campo sin tránsito, por dónde corrían las ratas a mi alrededor. Era entonces el año 1974, cuando hacía ese tipo de cosas, que algunas, vi una década  después en la película “Rambo”, como si aquello fuera exclusivo y único de los soldados norteamericanos: pasar por un túnel de ratas, pero cualquiera lo decía, que una niña con uniforme de colegio de monjas hiciera esas cosas, -y no un soldado entrenado por intereses económicos de las multinacionales del país del que terminaba siendo la víctima de los que había defendido-, sino para buscar en un verano seco, hierba fresca para un conejo enjaulado, no solo era inaudito e increíble, sino algo que una niña mejor debía callar. Nada asustaba a la niña, pero me hubiera espantado de saber que un día Heidi, los Garabatos y los Pitufos estarían en Ere, o tal vez hubiera empezado a luchar como un soldado desde entonces. En cualquier caso, aunque no como un soldado siempre luché, y sea por causa de conejos desvalidos, o por una imaginación que desbordaba lo imaginable, yo me había entrenado mental y físicamente contra el miedo, y sea por aquel entrenamiento, o porque como a Peter Pan la infancia nunca me había dejado de lado por completo, “Los otros”, (que no eran en este caso los vivos, respecto a los fantasmas habitables de la historia del film de este nombre), sino esos otros que observan y actúan con más o menos resignación, me pedían siempre  o casi siempre las labores más difíciles, esas patatas calientes que se pasan de unos a otros, porque a todos les queman las manos, y tal vez ni tan siquiera erraran, por aquello de “dejad que los niños se acerquen a mi…”. Entonces volví a acordarme del encargo de William: 

            “A ver si esto va, voy a hacerte un pedido en este llamado: Escribe sobre Europa y su futuro”, me dijo William Hamlet, un compañero poeta y librero americano, uruguayo para mas señas, de apellido Italiano, italiano como nuestro actual derecho, donde el imperio  pese a su derecho, no ha podido aún enderezar todos los torcidos inexorables  del propio ser de  imperio. -“Escribe sobre Europa”- me dijo el compañero trasatlántico  cuyo nombre es tan  inglés como el propio Sakespereare, y  recuerda tanto al gran poeta como a su personaje universal: Hamlet, y yo me resisto siempre, por falta de tiempo, por falta de ganas sobre todo de pensar, mientras una ráfaga rebelde dice en mí: “No pide ná (nada), este amigo William es como un fraile, y no pidiendo a Dios precisamente”. Escribir sobre Europa, sobre su ser o su no ser  es el sesudo encargo que me pide William Hamlet.

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            ¿Quién le puso el nombre a Europa? . El análisis más extendido de esta palabra lo considera como una composición de las palabras griegas eurys (“ancho”) y ops (“rostro”), siendo esta   una etimología incierta. Otros piensan que viene de la palabra semítica ereb, que significa “ponerse el sol” (occidente). Desde  el éste o mediano oriente, el sol se pone efectivamente en Europa, la tierra al oeste.

            Europa es  también el nombre que cuenta la leyenda  mítica de la doncella raptada por el dios Zeus, transmutado en un bello toro blanco. Era tan bella Europa, princesa fenicia, que Zeus la quiso para él y urdió su plan de rapto y seducción con este disfraz, llevando a Europa a Creta. Pero Zeus, como padre todopoderoso de los dioses no se quedaba con Europa ni con ninguna otra en exclusividad, en este caso, después de tener varios hijos con ella, fue un rey (no un dios) quien se casó con ella. Europa por tanto no fue nunca diosa, ni fue venerada en ningún templo, y con este precedente, de las viejas leyendas griegas, alguien decidió poner el nombre de la bella fenicia al territorio continental europeo. Al margen de las realidades fácticas o científicas, yo prefiero esta última versión, que es la más poética,  porque toda realidad nace con la palabra y, la palabra es la fragua de la poesía.

            La Historia ha continuado más de veinte siglos desde aquello, y durante todos los siglos, Europa ha sido la cuna de la civilización más poderosa de la tierra. Civilización sí, aunque se de algunos que sonreirían ante este término, al recordar las múltiples guerras, fechorías, expolios, masacres, conquistas y demás  incidencias que hay que considerar  sin relevancia alguna, para los designios primero de Dios, luego de las patrias o naciones, y por último del dios todopoderoso Zeus, que todo lo que quiere lo alcanza, disfrazado de algo más fuerte que un toro: moneda sin estado, y sin control, sin ética y sin principios, sin límites ni fronteras: El dinero. La bella y seducida Europa, ha estado durante más de veinte siglos, siendo la compinche y coadyuvante de cuanto el dios Zeus dinero ha tenido por antojo, trasladando  esa voluntad a todos los confines de la tierra sin excepción alguna, invadiendo con su pensamiento-civilización, los océanos y  los círculos polares, en especial el ártico, los bosques y selvas tropicales, las sabanas de África, las fábricas y cadenas de producción de Asia, los modos de vida en América, y de las Islas Oceánicas, las fuentes del conocimiento y del saber, desplazando y aniquilando otras fuerzas y fuentes de conocimiento, cuya base ha sido desde sus orígenes el respeto a la Madre Tierra. ¿Qué ha hecho Europa en este tiempo sino envejecer como una vieja y cada vez menos venerada madre, al lado del dios seductor y prolífico, capaz de transformarse en cualquier ser o forma para el mero ejercicio de su sola satisfacción? Zeus-Dinero no solo no ha envejecido, sino que como un dios, surge joven y vigoroso, hermoso, a golpe de  su fiel talonario, sin que ni su antojo ni su voluntad tengan más límite que su nutrida imaginación. Zeus puede convertir los desiertos en tierra fértil y arrasar los trópicos hasta desecarlos. Puede seguir seduciendo bellos territorios, abandonando a Europa, para ejercer en ellos su lascivia y su poder. ¿Qué es Europa ante la voluntad del dios por  el que fue seducida?,  ¿y qué podrán hacer los hijos de ésta, aún convertidos en reyes contra los caprichos del padre de los dioses?

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            Con todo, nos encontramos en el siglo XXI, con Zeus campando por el Mundo a modo de globalización, comprando y seduciendo, cada vez más fuerte y vigoroso, mientras la vieja Europa es dividida por unos hijos que desean sin ser dioses, emular al padre, y comiéndose como la prole de araña, a la propia madre, sin orden ni unidad, sin solidaridad entre ellos, tratando de arruinar para su lucro, al territorio hermano.

No se por qué mi madre me llamaba de niña Whiston Churchill, un caballero inglés, de cierta  y mucha relevancia en el siglo XX, al igual que Sakespeare lo fue en el XVI.  Churchill fue uno de los primeros creyentes y precursores de Europa como algo más que un territorio continental y geográfico. Debía ser  lo de aquel sobrenombre a una pequeña niña, por las constantes  preguntas y preocupación por  Europa y su sentido, así como sus sinsentidos, y su poco probable unidad política, económica y dinástica. ¿Y dinástica? Y dinástica, a menos que Zeus tuviera por antojo desterrar todas y cada una de las dinastías europeas al  legajo de archivos de patentes y marcas.

Europa no solo tiene un problema dinástico, con multitud de estados coronarios, refiriéndome a los estado-coronas (no a la patología del corazón), de las que sufre Europa  para forjar su unidad. Tiene asimismo el problema de la carencia de  lengua común, pues aún volviendo al viejo latín, quedarían fuera de ese tronco común las lenguas anglo-germánicas y las eslavas. Pero en primer lugar ¿es adecuada y deseable esa unidad? No cito como problema, la moneda y su disperso valor en cada estado que opera con el euro, porque la moneda es solo la cara de un dios Zeus que campa sin control  y que puede hacer lo que quiera. La  cuestión  es convencer, encaprichar a Zeus,  que ni tan siquiera obra por la avaricia de poseer mas cuando lo tiene y lo consigue todo, y que tiene en Europa gran parte de sus hijos. Si la pregunta es a mi persona  sobre la conveniencia de la unidad política y administrativa de Europa, la respuesta es si, la razón de este sí es tan simple, como que la vieja madre Europa no deja de ser madre porque sea vieja, y en este siglo es ya madre de la práctica totalidad del planeta Tierra o Mundo. Mal lo llevan además los olvidados territorios donde Europa no puso u olvidó su legado de racionalismo positivista y de desarrollo practico y técnico de  la posibilidad, cuyo origen fue la pugna con el mito, la superstición y la religión (como dogma) durante todos estos siglos, hasta, con todos sus defectos y contradicciones, desarrollar la ciencia, y la tecnología . Aquellos lugares donde Europa o no estuvo, o desistió su estancia, como  África,  su futuro se avista  aun  mas desalentador, y su yugo, mas que los zarpazos peligrosos de Zeus, son el olvido, la enfermedad crónica, el subdesarrollo cada vez mas progresivo, la explotación  y el hambre.

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            En estos días el mundo católico, que es gran parte del Orbe, se ha quedado sin Papa, sin el Papa establecido desde hace 21 siglos en la Roma europea, y me pregunto, si no será este hecho una nueva oportunidad para Europa y para el mundo. Hoy, el pensamiento actual posmodernista es cada vez más superado y desplazado por otro tan nuevo, que ignoro si aún le han puesto el nombre, pero que vuelve a las raíces de la Ilustración, y del pensamiento modernista, un pensamiento que vuelve a creer en la necesidad de leyes universales, que pongan en paridad los derechos de los hombres con independencia de las circunstancias de lenguas, etnias, nacionalidades, o circunstanciales leyes que le son de aplicación, y este nuevo pensamiento, es tan viejo como el pensamiento  por el que arranca nuestra era: el pensamiento cristiano, y su vocación universal. De hecho católico, significa universal.

            Por supuesto que cuando cito  la importancia del cristianismo como valor universal,  no estoy citando las supersticiones, ni los abusos de poder al amparo del poder terrenal de la Iglesia. No estoy citando los hechos por los que esta misma Iglesia ha tenido que pedir perdón (con retraso siempre). Ni estoy citando los hechos por los que la Iglesia Católica no ha pedido perdón todavía. Estoy hablando de la oportunidad que supone retomar el camino de la Iglesia como un camino universal al margen de las naciones y demás circunstancias de progreso y justicia social, y de promoción de una igualdad de derechos universal entre los hombres, y en este camino, Europa es el lugar desde donde partió  hacia todos los lugares del mundo. Nadie pone en duda el poder de la Iglesia, y Europa necesita controlar los caprichos y abusos del dinero en sus territorios y en todos los demás, que jamás se controlará desde las posiciones neoliberales. Europa necesita recuperar el dinamismo del diálogo entre  aquella derecha  conservadora y cristiana surgida del Concilio Vaticano II: democracia cristiana,  y aquella izquierda racionalista, humanitaria y casi siempre atea o agnóstica, pero con valores humanistas, y de esperanza en el fututo ambas.

            Europa necesita ser construida desde el pensamiento más respetuoso al medio ambiente, a los pueblos, a la mujer, herida muchas veces de muerte, y atacada a sus derechos más fundamentales y humanos, como la libertad, la salud, la igualdad ante la ley y ser el baluarte de un progreso que por los caprichos de Zeus nunca ha llegado a conquistar de un modo pleno. Europa debe ser liberada y restituida de su rapto, y esta vez, no por un desembarco en Normandía, sino por la regeneración de su pensamiento y de sus instituciones por y para un progreso que solo puede ser incorporado a través de una verdadera paz.

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           Las divisiones dentro del seno de Europa, la amenaza de volver a ser fraccionada por fronteras que limiten la libre circulación interna, las amenazas de salir de su construcción, los nacionalismos, los egoísmos egocéntricos de los estados que la componen, solo contribuyen desde mi punto de vista a incrementar sin límites el poder de Zeus-dinero; a que la humanidad siga bajo el yugo del mito, sin haber alcanzado la madurez para comprender la magnitud, el poder y la grandeza de la palabra, que no es otra cosa que la comunicación consciente , eficiente, inteligente y útil a la convivencia y el progreso  humano, capaz de generar todas las cosas, como desde el inicio de la creación.

            Europa es madre, hoy, desde el punto de vista cultural, de toda la sociedad humana, y la madre, es el modelo a seguir. La importancia de Europa no es a mi entender la importancia de su número de habitantes, o de su poder de riqueza,  es la importancia de saber generar un modelo en el que todos estén orgullosos de mirarse, y un día deseen cruzar mares y océanos no solo para comer a la mesa de su madre ante el peligro inminente de desnutrición,  sino para aprender de sus consejos y de sus vivencias, como hechos verdaderamente memorables para el progreso, cuando vuelvan para su propia casa.

            La gravedad de cuanto acontece que me sigue produciendo escalofrío, es sentir la incertidumbre ante el poder de Zeus-Dinero, de si logrará o no la construcción europea, ni tan siquiera es la dureza de la crisis económica. Es la gravedad terminal de la crisis ética y moral.

            Como Alicia en el país de las maravillas, sigo al conejo por el túnel del tiempo, mientras le oigo decir: llego tarde, llego tarde, y me adentro en mi infancia, cuando ejercitaba mi valentía por alguien sin libertad, y  donde sabía que la misericordia y la bondad debe alcanzar a todos los seres, inclusive a los que no son humanos, porque solo entonces estaremos preparados para explorar más allá de la Luna, y recuerdo aquella frase aprendida también  en mi infancia:” El humor es una cualidad del Amor”, y no hay por tanto, nada más serio.

MARIA ANGELES FERNANDEZ JORDAN

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